jueves

Relato 5ª Parte





- Claro que la notas, está bien metida en medio de tu coño empapado.
La he colocado ahí para que puedas refregarte contra ella como una
perra en celo. Voy a aplicarte tu castigo, puta. Voy a distribuir los
treinta azotes por todo tu cuerpo de guarra, y mientras lo hago quiero
que uses esa cuerda para llegar al orgasmo. Quiero que te corras antes
de que termine de castigarte, y no me vale con que luego me digas que
has tenido un orgasmo, zorra, quiero darme cuanta cuando pase. Para
eso eres una perra lasciva y hambrienta. ¿Entendido?-.
Volví a asentir, preguntándome si sería capaz de hacerlo-.
- Entonces empieza a mover las caderas, puta.-
Cogió el cinturón de mi mano y supe que estaba a punto de empezar.
Moví un poco las caderas, tratando de calcular hasta dónde podía
moverme sin caerme y de comprobar cómo de intenso podía ser el roce de
la cuerda. Era muy, muy agradable, pero no lo suficientemente
constante. Me rozaba, pero no había forma de conseguir que la presión
fuese suficiente. Era frustrante. Deseaba poder cerrar las piernas y
hacer el contacto más intenso. El primer azote cayó sobre mis pechos.
Dolió y me calentó la piel, pero muy pronto el calor del golpe se
difundió por mi piel aumentando mi excitación. Me paralicé un momento
y luego empecé a balancearme otra vez. Me volvía loca. Cada roce me
provocaba intensas sensaciones de placer, pero la cuerda siempre
acababa desviándose a un lado en el momento más intenso. Necesitaba
más y no sabía bien cómo conseguirlo. Mis movimientos se volvían cada
vez más rápidos, aunque no tanto como yo deseaba. No podía sacarme de
la cabeza la idea de que podía acabar cayéndome y no creía que pudiera
parar demasiado bien el golpe.
Dos azotes casi seguidos cayeron sobre mi vientre y mi culo. Gemí de
pura frustración. Estaba descubriendo que los azotes intensificaban
las sensaciones. Sin poder evitarlo, estaba retorciéndome, agitando
las caderas y flexionando las rodillas para tratar de encontrar el
punto donde el contacto con la cuerda era más intenso. El cinturón
seguía incitándome. De alguna forma me marcaba el ritmo que debía
seguir. Lo tenía tan cerca que casi lo tocaba. Temblaba. Deseaba que
la cuerda fuese más ancha, o tener las manos libres para poder
llevármelas al coño, follarme, acariciarme el clítoris en condiciones…
Lo que fuera con tal de dar el paso que estaba separándome del
orgasmo. Aunque la mordaza me impedía emitir sonidos coherentes,
supliqué. No sabía muy bien lo que pedía, pero no podía parar. Poco
apoco me acercaba al clímax. Sabía que lo tenía muy cerca, pero me
faltaba un último impuso. Cada vez que adelantaba las caderas trataba
de hacerlo un poco más rápido, de llegar un poco más adelante,
doblando las rodillas un poco más. La posibilidad de caerme había
desaparecido totalmente de mi cabeza y todos mis pensamientos estaban
centrados en el placer, en el que sentía y en el que sabía que tenía
al alcance de la mano. En un momento de lucidez escuché a mi amo
contando el vigésimo azote. En un momento, la situación cambió.
El cinturón cayó sobre mi coño totalmente abierto en el momento en el
que el roce de la cuerda era más intenso y me hizo gritar, un grito a
medio camino entre el dolor y el placer. Era justo lo que me faltaba
para abandonarme totalmente. Las oleadas de placer me recorrían
mientras seguía moviéndome de forma convulsa. No recordaba haber
disfrutado nunca de un orgasmo así. Los azotes se sucedían, golpeando
de lleno sobre mi coño empapado, llevándome cada vez más allá. Ahora
eran cada vez más fuetes y más rápidos, pero no me importaba. Empecé a
buscar el contacto del cinturón tanto como el de la cuerda, aunque
casi no era capaz de coordinar movimientos.
Me temblaban las rodillas. Los gemidos de placer se habían convertido
en auténticos gritos. La bola de la mordaza me llenaba la boca y la
saliva resbalaba cada vez más por las comisuras de mis labios. La
sentía deslizarse por mi cuerpo, mojándome el cuello y el pecho.
Seguía gimiendo y temblando cuando los azotes pararon.
Una orden de mi dueño me indicó que debía dejar de frotarme contra la
cuerda. Lo intenté pero seguía estremeciéndome y, con cada temblor,
volvía a sentir el roce que me llevaba un poco más allá. En un par de
minutos, dejé de sentir la cuerda en el coño y mis brazos y piernas
quedaron libres de las barras separadoras. Los brazos cayeron inertes
a los lados del cuerpo y las rodillas me fallaron. Mi señor me levantó
en brazos y me acurruqué contra su pecho. El calor de su cuerpo
desnudo resultaba reconfortante, me hacía sentirme querida, mimada,
apreciada. Se recostó contra la cabecera de la cama, cómodamente
sentado, y me mantuvo sobre sus rodillas. Encajé un brazo en su
costado, apoyé la cabeza sobre su hombro y descansé.
Disfruté del momento. Me encantaba, estaba llena de su olor y su calor
y ni siquiera tenía que moverme, sólo tenía que permanecer acurrucada
contra él. Con cuidado desató la mordaza y me sacó la bola de la boca.
Tragué saliva mientras respiraba hondo y movía la mandíbula como
podía.
Casi no necesité moverme para empezar a besar a mi amo y a lamerle el
cuello en señal de agradecimiento. Me abracé a la cintura de mi señor
mientras él me acariciaba la espalda. Me relajaba, al tiempo que se
las arreglaba para mantenerme excitada. Estaba cansada, pero no quería
que acabase. Al parecer, mi señor tampoco tenía ganas de parar.
Me tumbó sobre la cama y me estiró los brazos hacia atrás para atarme
las muñecas juntas y sujetarlas al cabezal de la cama. Era metálico.
Recordaba que me había fijado en él nada más entrar en la habitación,
me encantaba el forjado. Automáticamente me agarré a uno de los
barrotes mientras mi amo me ataba las piernas. Me obligó a separarlas
tanto como pude y sus manos se deslizaron por la parte interior de mis
muslos, subiendo desde los tobillos y forzándolos un poco más, hasta
el límite. Luego me ató los pies a las patas de la cama. Intenté
moverme un poco, sólo para ver hasta qué punto estaban tensas las
ataduras. No tenían mucho margen, sólo un par de centímetros, pero por
lo menos estaba cómoda. La almohada parecía blanda y tenía la altura
perfecta, y la colcha resultaba deliciosamente fresca contra mi piel
caliente. Me gustaba. Me froté ligeramente contra ella, disfrutando
del contacto.
- ¿Te has quedado a gusto, perrita mía? Eso espero, porque a partir de
ahora tienes prohibido correrte hasta que yo te lo permita. Quiero que
me avises cuando estés a punto del orgasmo. ¿Lo has entendido, puta? -
Sí, amo. No me correré sin permiso-
Mientras contestaba, uno de los dedos de mi señor se clavó en mi
coño. Se me escapó un gemido de placer. Seguía estando empapada y
demasiado sensible. Instintivamente me arqueé contra él y el dorso de
su mano se apretó contra mí, frotándome el clítoris. Contuve otro
gemido mientras me daba cuenta de lo que buscaba mi amo y me pregunté
si sería capaz de aguantarme. Hasta el momento, nunca había tenido que
contener un orgasmo. Era una experiencia nueva y no estaba segura de
que fuera a gustarme. La mano de mi señor me abandonó y suspiré, no
estoy segura de si aliviada o decepcionada. Volví a relajarme sobre la
cama, sin saber demasiado bien qué esperar, hasta que me llegó el
sonido de un zumbido mecánico. Entonces recordé el vibrador que había
dejado sobre la mesa un par de horas antes. Tragué saliva, sabía que
lo que venía a continuación iba a gustarme mucho, pero no tenía nada
claro que pudiera evitar correrme. El volumen descendió hasta
desaparecer mientras esperaba. Tensé el cuerpo, atenta al primer roce,
que no llegó.
El tiempo pasaba lentamente mientras esperaba. Los segundos, más que
pasar, se arrastraban, parecían eternos. Suponía que era una
estupidez, porque cuanto más tardase en tocarme, más tardaría en
correrme, al menos eso pensaba. Y sin embargo no era así. Cuanto más
esperaba más excitaba me sentía. Algo frío y vibrante me rozó el
clítoris durante un momento y desapareció otra vez. El tacto de aquel
pene de goma era mucho más frío del o que esperaba, pero sentir cómo
mi amo me acariciaba con él, el saber que era él el que lo usaba…
Mi señor jugaba con el consolador frotándolo apagado contra mi coño,
empapándolo con mis jugos y luego acariciándome las piernas con él. Lo
encendía y lo rozaba contra el clítoris, acelerando la velocidad al
máximo. Lo apretaba contra la entrada de mi vagina, sin dejar que
entrara, y lo dejaba allí un rato, casi apagado, vibrando a un ritmo
cansino. A veces se apartaba y lo dejaba encendido, con la base
apoyada en la cama y encajado verticalmente en mi coño. Cada roce era
más electrizante que el anterior. Después de haber alcanzado el clímax
cinco minutos antes creía que iba a aguantar más, pero no podía.
Intenté todo lo que se me ocurrió para mantenerme fría. Respiré
profundamente, tratando de relajarme, pero sólo sirvió para que las
caricias de mi amo me afectasen más, para que sintiera cada roce con
más intensidad. Traté de pensar en alguna otra cosa, en alguna
situación que fuera cualquier cosa menos excitante. Tampoco dio
resultado, no conseguí hilvanar más de dos pensamientos seguidos.
Antes de poder darme cuenta estaba retorciéndome sobre la cama, con
las manos aferradas al cabeza, intentando esquivar el vibrador. O
quizás buscándolo. Realmente no lo sabía, pero en todo caso no era
capaz de dejar de moverme. De suspirar pasé a gemir y antes de poder
darme cuenta supe que si no paraba pronto de acariciarme no iba a
tardar mucho en alcanzar mi segundo orgasmo.
-Voy a correrme, amo, voy a correrme-. Empecé a repetirlo una y otra
vez. Las palabras escapaban de mi boca sin que pudiera evitarlo.
- ¿Que vas a hacer qué, zorra?- su voz sonaba gélida. Hacía mucho
rato que no la oía en aquel tono.
- ¿Quién te ha dado permiso, perra?
- Nadie, amo. Nadie me ha dado permiso.
- Entonces, ¿qué es lo que vas a hacer, guarra?-.
Parecía distante y se me hacía raro sentirme a mí misma tan caliente
por lo que él estaba haciéndome y escuchar su voz en aquel tono, como
si a él no le afectase. No dudé a la hora de responderle. Tenía la
impresión de que realmente no estaba haciéndome una pregunta y que
sólo había una respuesta posible, por mucho que me costase.
- Lo siento, señor. No voy a correrme-
. Las palabras me salían entrecortadas. No sabía cómo iba a conseguir
realizar aquella hazaña, y mi dueño había escogido precisamente aquel
momento para clavarme el vibrador hasta el fondo. Era imposible,
completamente imposible, que no llegase al clímax en cuestión de
segundos. Pero él no tenía ganas de que el juego terminase tan pronto.
El consolador entró y salió en un solo movimiento, y se quedó fuera.
El motor se apagó, y cuando dejé de oír el zumbido, se hizo el
silencio en la habitación. Lo único que escuchaba era el sonido de mi
respiración mientras mi cuerpo seguía temblando sobre la cama.
Poco a poco empecé a relajarme otra vez, lo justo para dejar de gemir
y de retorcerme, pero aún así no dejaba de estremecerme. La calma no
duró mucho. Esta vez el vibrador no se limitaba a jugar fuera de mí.
Mi señor lo empujaba dentro, unas veces hasta el fondo y otras poco
más que unos centímetros. A veces lo movía como si quisiera
clavármelo, metiéndolo y sacándolo con fuerza, y otras se limitaba a
un suave balanceo. Con el tapón bien metido en el culo, me sentía
completamente llena. Se rozaban dentro de mí, y cada movimiento del
vibrador hacía que me sacudiera, Otra vez empecé a acompañar sus
movimientos con el cuerpo, pero no era capaz de hacerlo de forma
satisfactoria, su ritmo cambiaba demasiado y demasiado a menudo.
- Por favor, amo. Por favor, amo. Por favor-.
Sabía que dependía de él. Si no volvía a parar pronto, no había forma
humana de que yo pudiera contenerme mucho más
. - ¿Por favor qué, perra?-.
Seguía sonando distante, pero también ligeramente divertido-.
Tienes ganas de correrte, ¿verdad? Es una auténtica pena que tengas
que aguantarte, pero no tienes permiso, puta.
Intenté resistir un poco más, pero era inútil. Otra vez gemía y me
retorcía sobre la cama, suplicando. Me abandonaba al placer cuando
volvió a dejar de tocarme. Esta vez me costó mucho más tranquilizarme.
Me sentía sudorosa, pegajosa, y tenía el coño tan mojado que me
empapaba las piernas. Volvió a la carga en cuanto volví a estar
relativamente tranquila. Esta vez jugaba con el tapón anal. Lo sujetó
por la base y tiró de él con suavidad, pero sin aflojar la tensión
hasta que empezó a salir. Resultaba algo incómodo, pero no tanto como
yo esperaba. Al mismo tiempo, volvió a meterme el vibrador hasta el
fondo, haciéndolo funcionar a toda potencia.
Durante un rato mi señor jugó con las dos pollas, frotándolas una
contra otra a través de la membrana que las separaba. Hacía que uno
entrara mientras el otro salía o los metía y los sacaba juntos. La
tortura duró un buen rato. Me excitaba hasta hacerme suplicar, hasta
que conseguía que le rogara que me permitiera correrme, retorciéndome
y aferrándome a las cuerdas me sujetaban las muñecas. Luego se paraba
y esperaba a que me enfriara un poco para volver a empezar un poco
después excitándome más y más rápido.
Durante una de estas pausas me pareció notar un olor extraño, a algo
que se quemaba. Lo descarté, pensé que debía venir de fuera y, a pesar
de que seguía sintiéndolo, lo ignoré. Sin embargo, no tardé en darme
cuenta de que no era así. El tapón anal volvía a estar firmemente
instalado en mi culo y el vibrador, apagado, ocupando totalmente mi
vagina, esperaba a que mi señor volviera a utilizarlos cuando un
chorro de algo caliente cayó entre mis pechos. Recordé el olor a
quemado y supuse que había una o varias velas encendidas sobre la
mesilla.

2 comentarios:

Julia - Tu isla encantada dijo...

Ufff... Chiquilla ¡Qué relato tan intenso! y justo cuando mejor está vas y lo dejas grrrr.... tu amo no te matará pero yo siiiiiii malaaaaaaaaaaa jajajaja...

En serio, lo describes todo tan bien y con tanta intensidad que una parece estar viviéndolo. Pero menos mal que leer no duele, pues no sé si yo podría aguantar muchas de las cosas que explicas, como lo de la bola en la boca, o las pinzas... Aunque reconozco que vuestras sesiones tienen que ser de lo más placenteras y en cierto modo divertidas.

Mil besitos mi bella Alexia, y... cuentaaaaaaaa

AMOR dijo...

Hola precosa!!!!!!!!!!!!!!!!!
he estado desaparecida por problemas `personales..... pero ya estoy aqui, saboreando tus letras y la tortura de un orgasmo pausado, esa tortura que tanto disfruto, cortar justo antes de correrme para volver a empeza una y otra vez y que cuando estalle mi deseo se deslice por mi cuerpo y mi cuerpo se desplome.
He viajado en tus letras y me he relajado mucho.
Despues dices que yo soy traviesa, uffffffffffffffff!!!!!!!!!!!!!!
Esto arde mi niña!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Besazos preciosa y sigue disfrutando de tu amo.